| Fotografía tomada por Eudis De León |
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Antes de que existieran los conjuntos residenciales que hoy rodean el norte de Valledupar, ya existía el barrio Eneal. Se formó hacia 1974, en medio del desplazamiento y la falta de vivienda que empujaron a cientos de familias a asentarse junto a un humedal urbano que, con el tiempo, terminaría dándole nombre al barrio: "Eneal", por la enea, la vegetación acuática característica de este ecosistema.
Trece años después, el 3 de septiembre de 1987, la comunidad logró algo fundamental para cualquier barrio popular: su personería jurídica como Junta de Acción Comunal, registrada ante el Ministerio de Gobierno bajo el número 003345. Pero fue apenas dos años más tarde, en 1989, cuando nació una preocupación que hasta hoy —35 años después— sigue sin resolverse de fondo: la protección del humedal que atraviesa el barrio.
Una veeduría de más de tres décadas
Desde 1989, la JAC de Eneal ha sido la memoria viva de este ecosistema. A través de derechos de petición, quejas, denuncias formales y solicitudes de aplicación de la autoridad ambiental, la comunidad ha insistido, año tras año, en que alguien detenga el deterioro del humedal El Eneal y de su microcuenca, el arroyo El Mamón.
No es una exageración hablar de "más de 30 años". Es un hecho documentado: cuando en 2021 el Foro Ambiental del Cesar se unió a la JAC para sistematizar todo lo actuado, el ejercicio de recopilación abarcó 22 años de gestiones, con un resultado que dice mucho sobre cómo ha funcionado —o no— la institucionalidad ambiental en el Cesar: de 164 documentos generados en ese periodo, 77 fueron denuncias y PQRs presentadas por la comunidad, y apenas 87 correspondieron a respuestas de todas las entidades competentes juntas (Corpocesar, Alcaldía de Valledupar, Emdupar, Gobernación, entes de control y el Tribunal Administrativo).
Dicho de otra forma: por cada dos quejas ciudadanas, la institucionalidad respondió, en el mejor de los casos, con una.
Un barrio que se ganó su lugar, pero no la protección de su entorno
Es importante entender el contexto social detrás de esta historia. El proceso de ocupación de las riberas del humedal El Eneal, especialmente en su margen izquierda, no fue un capricho urbanístico: respondió a la violencia y al desplazamiento que vivió la región desde los años setenta. Familias enteras sin acceso a vivienda formal se asentaron en lo que en su momento fue considerado un "barrio subnormal".
Con los años, el barrio consiguió reconocimiento oficial y una infraestructura básica: energía eléctrica, agua potable, gas domiciliario, pavimentación de vías principales. Es decir, el Estado sí llegó para resolver las necesidades habitacionales de la comunidad. Lo que nunca llegó de manera efectiva fue la protección del ecosistema que esa misma comunidad llevaba décadas pidiendo cuidar.
2021: un intento de encontrar eco
En marzo de 2021, la JAC de Eneal y el Foro Ambiental del Cesar trazaron una hoja de ruta conjunta. El resultado fue un derecho de petición radicado el 12 de abril de 2021, un documento de 212 folios con anexos que llegó a Corpocesar, la Alcaldía de Valledupar, Emdupar, la Gobernación del Cesar, la Décima Brigada Blindada, las Curadurías Urbanas, el Concejo Municipal, la Asamblea Departamental y los entes de control.
El documento no solo pedía respuestas puntuales. Proponía una mesa de trabajo interinstitucional, jornadas de sensibilización ambiental con las comunidades vecinas y, sobre todo, la actualización de un Plan de Manejo Ambiental para los humedales urbanos de Valledupar que permitiera, por fin, ordenar las inversiones y las responsabilidades de cada entidad.
Entre agosto y octubre de 2021 se realizaron reuniones con Corpocesar, la Alcaldía y la Gobernación, Emdupar y el Batallón La Popa. Hubo actas, compromisos firmados y fechas concretas de cumplimiento. Pero, como veremos en el resto de esta serie, la distancia entre lo acordado en esas mesas y lo ejecutado en el territorio sigue siendo, hoy, considerable.
Por qué esta historia importa
El humedal El Eneal no es un caso aislado. Forma parte de un sistema de humedales urbanos —junto con María Camila y Sicarare— que hace parte de la estructura ecológica principal de Valledupar, reconocida así en el Plan de Ordenamiento Territorial vigente desde 2015. Su función va mucho más allá del paisaje: regula el agua, alberga biodiversidad y podría convertirse en un espacio de recreación pasiva para toda la ciudad.
Pero, sobre todo, esta es la historia de una comunidad que durante tres décadas no se ha cansado de pedir lo mismo: que las autoridades cumplan su propia misión. En los próximos artículos de esta serie revisaremos qué dice la ley al respecto, qué se ha invertido realmente, y en qué estado se encuentra hoy este ecosistema.
Por: Eudis De León - Coordinador de Comunicaciones del Foro Ambiental del Cesar
Este artículo hace parte de una serie del Foro Ambiental del Cesar basada en el Derecho de Petición radicado el 22 de agosto de 2024 y el radicado el 2 de julio de 2026 ante las autoridades ambientales, municipales, departamentales y de control del Departamento del Cesar.
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